30. may., 2021

¿Estamos listos? Riesgos a considerar del retorno seguro a clases.

Marsh y Mercer Marsh Beneficios, líderes en consultoría de riesgos y beneficios para empleados, recomiendan realizar una evaluación puntual de los riesgos en salud que conlleva el regreso a clases presenciales.

Es una realidad que los niños no son la población más afectada por la COVID-19, sin embargo, toda una generación ha visto afectada su educación durante 2020, como consecuencia de la pandemia y las medidas de contención y mitigación que debieron implementarse. Millones de niños alrededor del mundo cambiaron abruptamente su dinámica escolar, de los cuales con base en datos proporcionados por la Organización Panamericana de la Salud (OPS), el 60% pertenecen a América Latina y el Caribe. 

Para la mayoría de los países de América Latina y el Caribe la suspensión empezó durante la segunda semana de marzo de 2020 y se estima que afectó a más de 165 millones de estudiantes  durante  el  pico  de  la  pandemia  en  abril  del  mismo  año  (CEPAL-UNESCO, 2020).

En cuanto al impacto de estas medidas, diversos estudios nos han sugerido que no asistir a la escuela por largos periodos, podría aumentar la probabilidad de que los niños se vean afectados en su rendimiento escolar, en su capacidad de aprendizaje, en sus habilidades de interacción, además de afectar su salud mental.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), la decisión de cerrar, cerrar parcialmente o reabrir las escuelas debe guiarse por un enfoque basado en los riesgos para maximizar los beneficios educativos, de bienestar y de salud para los estudiantes, el personal docente, auxiliar y la sociedad en general. Además, debe contribuir a prevenir un nuevo brote de COVID-19 en la comunidad.

Escuelas seguras

Actualmente no se tiene certeza del impacto real de la COVID-19 en niños, aún se sigue estudiando la magnitud de la enfermedad, por lo cual no podemos predecir el comportamiento ante un regreso a clases para ellos, sin embargo, el regreso a clases deberá considerarse paulatinamente dentro de un marco de seguridad y protección a la salud de los alumnos, los protocolos de prevención, detección y contención de posibles brotes deberán ser efectivos y reforzarse continuamente entre todo el personal, no apegarse a las medidas de seguridad establecidas podría poner en riesgo la operación de los colegios y la salud de los alumnos, docentes y personal auxiliar.

De acuerdo con un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), las estrategias  relacionadas  con  la  reapertura  de  las  escuelas  deben agruparse  en  torno  a  tres áreas generales: preparación del sistema educativo (evaluación de la disponibilidad de personal, infraestructura, recursos y capacidad para reanudar las funciones), continuidad del  aprendizaje  y  resiliencia  del  sistema.  Con  estas  tres  dimensiones  como  marco,  se recomienda  el  diseño  de  intervenciones  de  política  en  el  corto,  mediano  y  largo plazo relacionadas con la resiliencia del sistema; es decir: con la necesidad de construir y  reforzar  la  preparación  del  sistema  educativo  para  anticipar,  responder  y  mitigar  los efectos de las crisis actuales y futuras

“La educación de las familias y la comunidad escolar en general será fundamental, cada uno deberá tener claro el impacto de sus acciones desde lo individual y hacia lo colectivo, entendiendo que el apego a los protocolos y seguimiento de las medidas preventivas apropiadas será crucial para la prevención de brotes y diseminación de la enfermedad entre los alumnos y sociedad en general.” Apunta (vocero), (Líder de MMB o Consultoría en Salud) (país).

Volver a la escuela tiene un nuevo significado y presenta nuevas preocupaciones para los padres y las escuelas durante la pandemia, ambos deberán estar preparados para este inminente regreso, conocer y aplicar los protocolos de seguridad necesarios para garantizar “espacios libres de coronavirus”, entre las medidas que deberán mantenerse y reforzarse constantemente están:

  • Mantener el distanciamiento físico en las escuelas

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda un distanciamiento físico de al menos 1 m2 entre todas las personas que asisten a la escuela y un distanciamiento de mínimo 1 m entre los pupitres de los alumnos (OMS, 2020).

  • Reapertura  escalonada  o  gradual  para  disminuir  la cantidad  de  alumnos  en  las  escuelas

Dividirlos  por  días de  la  semana  o  por  grados  y  niveles;  con  prioridad  para  los  niños  en situación  de  más  vulnerabilidad.

  • Disponibilidad de espacios alternativos a las salas de clases

Acondicionar  otros  espacios  de  las escuelas como gimnasios y salones de usos múltiples para impartir clases.

  • Prácticas de higiene y medidas de bioseguridad

Implementar  rutinas  frecuentes  de  lavado  de  manos, uso de cubrebocas y  prácticas  de higiene y limpieza constantes: renovar, mejorar o instalar la infraestructura necesaria  para  garantizar  las  condiciones  mínimas  de  saneamiento.

  • Catalogar grupos de riesgo

Evaluar los riesgos a los que están expuestos los docentes y elaborar un plan  logístico  para  cubrir  sus  ausencias así como flexibilizar las políticas laborales.

  • Monitoreo diario del estado de salud del personas y los alumnos

En caso de presentar signos o síntomas compatibles con la enfermedad, deberán mantenerse en casa e informar puntualmente al colegio para activar los protocolos de contención y prevención de posibles brotes.