8. ago., 2021

Abuelos con 58 años de casado cumplen su sueño: Aprender a leer y escribir

Don Juan Ovalle y Lidia Rodríguez tienen 58 años de estar casado. En medio siglo han logrado muchas cosas en común, entre las que destacan 6 hijos, 18 nietos y 26 bisnietos, pero había una meta pendiente, un escaño que se les había negado y que hoy alcanzaron: Aprender a leer y escribir; y consigo la habilidad de firmar sus nombres con su puño y letra.

Esta asignatura la han aprobado con el apoyo del programa “Muévete por Panamá, Yo sí Puedo” del Ministerio de Desarrollo Social (MIDES) a la que se han inscrito.

Juan nació en 1939, hace 82 años en la comunidad de Buena Vista, en la provincia de Colón, y para esos años la prioridad era que los hombres (desde muy pequeños) debían ser diestro con el machete, la coa y el azadón. El lápiz y el cuaderno podían esperar.

Mientras que doña Lidia recuerda que su papá no tuvo los recursos económicos para enviarla a la escuela, además, en casa había mucho que hacer y por eso fue relegada a los trabajos domésticos que incluía ayudar a sus hermanos en los huertos que tenía su familia.

A sus 82 y 72 años, Juan y Lidia emprendieron un nuevo proyecto que los ha hecho sentirse orgullosos. Luego de superar la clase No. 50 del programa (de un total de 65) la pareja ya presume lo que ha logrado. En sólo unos pocos días se aprendieron las vocales, los números y lograron escribir frases cortas.

En una cartilla casi idéntica a las que utilizan los niños de primaria realizaron sus primeros trazos, garabatos, círculos y otros ejercicios de grafomotricidad, donde ejercitaron las manos con ciertos movimientos básicos que les facilitó escribir.

Este proceso ha desencadenado nuevas experiencias. Al aprender a leer, las arquitecturas de sus cerebros se han alterado y por consiguiente se han generado nuevas conexiones en áreas que antes del aprendizaje de esta nueva habilidad, no se comunicaban.  Por lo tanto, la escritura ha impulsado su inteligencia.

“Estoy contento, alegre, por primera vez puedo percibir el significado de las letras. Antes cuando observaba una revista o un libro, lo que miraba eran ver símbolos que no podía descifrar, algo así como dibujos sin significado”, enfatizó Juan.

“Está aprendiendo mucho y a gran velocidad”, asegura su hija María Ovalle que también es su maestra.

María es unas de las 200 voluntarias que tiene el programa que en los últimos dos años han alfabetizado a 2,278 panameños (as), de las cuales 1,523 son mujeres rurales que han completado el curso satisfactoriamente, lo que demuestra el impacto que tiene este programa en el empoderamiento femenino.  Y desde junio de 2007 (fecha en que inició el programa) el número de egresados superan las 78,394 personas.

El programa ha incursionado con fuerzas en las regiones más vulnerables. En la Comarca Ngäbe Buglé se han alfabetizado 689, Bocas del Toro con 413, Panamá Oeste con 333, Chiriquí con 325, Darién con 224 y la provincia de Panamá con 114. La lista la completan Herrera con 55, Los Santos con 39, Veraguas con 25, Colón con 23, Coclé con 22 y la Comarca Emberá Wounaan con 16.

El programa ha aterrizado en comunidades muy necesitadas. Un ejemplo claro de su impacto es que la historia de Juan y Lidia se desarrolla en el corregimiento de El Cacao en el distrito de Capira, una comunidad que presenta un índice de pobreza multidimensional del 78.4% de acuerdo con el IPM-C, elaborado por la Secretaría Técnica del Gabinete Social.

Un programa que restituye los derechos

La ministra de Desarrollo Social, María Inés Castillo, explicó que el programa restituye los derechos de las personas al brindarle la oportunidad de valerse por sí mismo. Además, el curso está alineado con los Objetivos de Desarrollo Sostenibles (ODS) que promueve la inclusión y combaten la pobreza y la desigualdad.

Castillo indicó que la alfabetización es una prioridad en la agenda de trabajo del presidente Laurentino Cortizo Cohen, por lo que seguirán diseminando este programa en todo el país con la finalidad de cerrar las brechas sociales.

Y es que el analfabetismo afecta todas las facetas de la vida de una persona. Los ciudadanos que no saben leer y escribir tienen una mayor probabilidad de vivir en la pobreza al tener una baja inclusión social, afectando su salud, autoestima, trabajo y seguridad personal.

La psicóloga Zuzette Guevara asegura que las consecuencias del analfabetismo se reflejan en tres aspectos: Social, político y económico. Los efectos van mucho más allá de crear una barrera mental en donde muchos sufren depresión, baja autoestima e inseguridades generadas por la presión social.

Consciente de estas repercusiones el director nacional de Alfabetización del MIDES, Carlos A. Contreras, explicó que los beneficiarios al concluir el curso pueden ingresar a los cursos del Instituto Nacional de Formación Profesional y Capacitación para el Desarrollo Humano (INADEH), donde desarrollan una nueva profesión y pueden valerse por sí mismo.

También le brindamos clases de reforzamiento, ya que muchos adultos no comprenden lo que leen, destaca Contreras. Solo aquellos que están en un ambiente donde se les exige leer y escribir, tienen mejor comprensión lectora. Por eso es importante que tengan oportunidades y exigencia de escritura o lectura porque si no practican la escritura y la lectura, se pierde, puntualizó el especialista.

¿Qué es lo que piensa hacer don Juan y doña Lidia ahora que se han alfabetizado?. La respuesta es muchas cosas: leer un libro, el periódico, entender la televisión, saber qué dicen los letreros, firmar sus nombres y muchas otras actividades más que permite la escritura y la lectura.

También esperan que su historia sea de inspiración para muchas personas, principalmente para aquellos que nunca fueron a la escuela.

De acuerdo con el Instituto de Estadísticas de la UNESCO, en el mundo existen 750 millones de personas analfabetas de las cuales 32 millones pertenecían a América Latina y el Caribe, lo que representaba un 4% del total de la población del mundo.