9. oct., 2021

Escuelas Campos, un lugar donde las mujeres rurales están aprendiendo a sembrar, cosechar y algo +

Más de 6 mil mujeres de los programas del Mides se están capacitando en parcelas demostrativas para producir sus propios alimentos. La historia de Aurelina Ortiz, demuestra el empoderamiento que están teniendo las agricultoras de subsistencia y el efecto de sus faenas en la seguridad alimentaria de un país.


En la apartada comunidad de Río Chique Quije, en la provincia de Coclé, un grupo de 40 mujeres rurales asisten tres veces a la semana a la Escuela Campo “Una Luz en el Camino”. Van calzadas con botas de caucho y armadas con azadón, rastrillos, machetes y otras herramientas agrícolas. Las clases que se imparten aquí abordan dos temas principales: promover una agricultura sostenible y lograr cultivos amigables con el medio ambiente.

A esta escuela asiste Aurelina Ortiz, beneficiaria de las Redes de Oportunidades del Ministerio de Desarrollo Social (Mides), con el interés de perfeccionar su habilidad: producir la tierra.

En este centro de estudio, que arrancó en julio de este año como un plan piloto, no hay salones ni pupitres ni pizarras. La escuela es un campo abierto de más de una hectárea de terreno, que cuenta con cuatro tinas de tilapias y parcelas demostrativas de arroz, maíz, camote, ñame, yuca, frijol, habichuela, tomate, pimentón, zapallo y otros productos más.

Esto le permite a Aurelina pasearse por todo el campus aprendiendo todo lo relativo a la diversificación de cultivos y replicar en su terreno todas las clases que les dictan los extensionistas de las diferentes instituciones relacionadas a la producción agrícola y acuícola.

Los cuatros centros que operan en la provincia les están permitiendo a más de 400 familias de comunidades vulnerables abordar la agricultura de subsistencia con técnicas agrícolas que garantizan altos rendimientos en espacios pequeños. Mientras que en todo el país existen más de 200 escuelas administradas por el Mides donde más de 6 mil mujeres están aprendiendo a producir su comida en sus propios entornos.

Estos centros cuentan con el respaldo de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y con fondos del Mides por más de tres millones de dólares que están ayudando a las mujeres a jugar un rol protagónico en promover la seguridad alimentaria del país.

El pensum académico es diverso. Aquí las mujeres están aprendiendo a confeccionar y utilizar máquinas artesanales como el “rayador”, una herramienta que se confecciona con tablas y clavos que cuadriculan el terreno donde el arroz será sembrado. Mientras que en las tinas de tilapias aprenden a conocer todo sobre el potencial que tiene los proyectos acuícolas.

Aurelina de 48 años es una estudiante sobresaliente. Admite que siempre ha estado ligada a la agricultura tradicional.

Pero en esta escuela está recibiendo lecciones que le está cambiando la vida. Aprendió las dimensiones que debe tener una tina de tilapia, que a los peces se les debe alimentar tres veces al día y que al término de los cinco meses cada tilapia logra un peso de una libra y media, el ideal para cosecharlo.

También aprendió a elaborar abonos e insecticidas orgánicos con gallinaza, estiércol, jugo de caña, maíz germinado, viruta de frijol, ceniza de fogón, sorgo, ajo, afrecho de arroz y carbón. Se trata de un plus que dispara el precio de los productos.

Aurelina sólo llegó hasta sexto grado, pero en “La Escuela Campo” espera obtener una certificación más allá de cualquier título. Ya lo está logrando. En su casa tiene un poco más de una hectárea, donde ha construido tres tinas con capacidad de albergar hasta 2,400 alevines (crías de tilapias).

Además, tiene sembrado arroz en fangueo, maíz en chuzo y por tierra movida. En su parcela hay plátanos, cafés, yucas, matas de guandú, en resumen tiene todo lo que su familia necesita para subsistir.

Lo interesante es que este proyecto se desarrolla en el corregimiento de Las Huacas en el distrito de Natá, que presenta un índice de pobreza multidimensional del 88.3%, de acuerdo con el IPM-C, elaborado por la Secretaría Técnica del Gabinete Social del Mides.

Cursos que están empoderando a las mujeres

La ministra del Mides, María Inés Castillo, calificó las “Escuelas Campos” como espacios donde las mujeres se están empoderando y logrando habilidades que fomentan una economía doméstica dinámica con el fin de promover un desarrollo social en las áreas rurales de todo el país.

Castillo explicó que en los cursos se les están enseñando a las mujeres temas puntuales como los efectos perjudiciales que tiene el uso de sustancias químicas en los suelos y cultivos, la importancia de contar con técnicas de alto rendimiento y el acceso a semillas certificadas que garantizan buenas cosechas.

Pero, sobre todo, le está enseñando a las mujeres que se puede migrar del asistencialismo a esa movilidad social que le hace bien al país.

“Se trata de una política de Estado que está poniendo en el centro a las mujeres y que se apalanca con la oferta de todas las instituciones responsables de garantizar la seguridad alimentaria del país. Esto permite que las ´Escuelas Campos´ sean un vivero de emprendimientos sostenibles capaces de permanecer en el tiempo”, enfatizó la ministra.

Onelia Peralta, directora de Inversión para el Desarrollo del Capital Social del Mides, adelantó que las “Escuelas Campos” están entrando con fuerzas en regiones como la comarca Ngäbe-Buglé, donde operan más de 150 en corregimientos con altos índices de pobreza.

Mientras que Polidoro Pinzón, coordinador de proyectos de Inversión Social del Mides de Coclé, recordó que la historia de Aurelina permite visualizar las oportunidades que están teniendo las mujeres rurales. En ese sentido, indicó que el Gobierno Nacional ha volteado su mirada a las áreas de difícil acceso donde se concentran un gran número de panameños que requieren de la asistencia estatal para mejorar su calidad de vida.

Aurelina está aprendiendo cada día. La “Escuela Campo” está puliendo esa afinidad que tiene por la tierra y esa cualidad innata por hacerla producir. Quiere graduarse con honores porque está consciente que esta certificación le permitirá llevar alimentos a la mesa de su casa y la de miles de familias rurales que se internan todos los días a los campos agrícolas ha labrar la tierra y hacerla germinar.